
Contexto geológico
Acuíferos volcánicos y sedimentarios
Comentario valorativo
El acuífero costero de El Realejo constituye una singularidad en el sistema hidráulico subterráneo insular, circunstancia que viene determinada por la superposición de dos acuíferos superficiales vinculados a los materiales volcánicos de relleno del sector occidental del paleovalle de La Orotava. En este sistema, el flujo subterráneo dominante es controlado principalmente por dos formaciones brechoides de comportamiento permeable diferente, cuya génesis se asocia a deslizamientos gravitacionales de tercera generación, siendo los únicos de su tipología aflorantes en la citada depresión. Completan la relevancia del lugar la existencia del principal depósito carbonático con moldes e improntas vegetales fósiles reconocido en la isla de Tenerife, de edad probablemente holocena y cuya génesis se ha vinculado a antiguos manantiales y cursos permanentes, hoy desaparecidos, cuyas aguas fueron afectados por anomalías térmicas y de flujo de CO2 debido a la actividad volcánica reciente desarrollada en la parte baja del meritado valle. Definiendo la base de la secuencia, al tiempo que configurando una parte del segmento inferior del acantilado costero, en el tramo comprendido entre la playa de Los Roques al este y la punta del Guindaste al oeste, se aprecia un potente depósito de brechas de avalanchas rocosas (487-472 ka) originados en deslizamientos gravitacionales secundarios, posteriores a los que dieron lugar al valle, los cuales se extienden por los subsuelos del sector occidental del mismo. Estos materiales forman una capa impermeable de gran espesor y continuidad, constituyendo un zócalo impermeable sobre cuyo techo, situado sobre el nivel del mar e inclinado hacia la costa, discurren las aguas de escorrentía infiltradas en todos los materiales superiores, de carácter permeable. Inmediatamente sobre dos discordancias erosivas situadas a 5 y 18 m sobre el nivel del mar se disponen sendos niveles marinos de bloques, cantos rodados y arenas. Sobre los materiales anteriores, si bien sin posibilidad de visión del contacto entre ambos, se sitúan unos segundos depósitos de avalancha rocosa más recientes procedentes de desplomes de menor entidad que afectaron a la pared de Tigaiga y que son recubiertos a su vez por coladas basálticas de morfología “aa” y depósitos piroclásticos sálicos de caída, coladas y oleadas piroclásticas pertenecientes a la Formación Diego Hernández (370-196 ka). Dichas brechas, a pesar de presentar en puntos una alta permeabilidad, asociada a la presencia de megabloques rotos con grandes fracturas abiertas, son mucho menos permeables que las lavas, piroclastos sálicos y aluviones situados encima. Por ello, el techo de estas brechas, especialmente si está rubefactado por las coladas de lava superiores, constituye un segundo nivel de acumulación de aguas subterráneas que en el pasado originaba, en la zona de la Rambla de Castro, numerosos nacientes que alimentaban cursos de agua permanentes circulantes por los principales barrancos y de los que actualmente únicamente persisten dos surgencias, las denominadas El Burgado y La Madre del Agua, situadas en la margen derecha del barranco de Castro a la cota de 85 y 90 m, respectivamente. Finalmente, dispuestos sobre la antigua plataforma de abrasión excavada en las brechas de avalancha más antiguas, adosados al pie de un antiguo acantilado marino, se aprecian depósitos sedimentarios y epiclásticos, entre los que se intercalan algunas coladas de lavas basálticas “aa” de poca potencia, que forman un sistema de abanicos aluviales/coluviales coalescentes o delta sedimentario costero, hoy en día inactivo y parcialmente erosionado por el mar, dispuesto en la desembocadura de los barrancos que surcan la zona, estos son: Cuatro Ventanas, Madre Juana-Azadilla, barranquillo de los Príncipes-Castro y Godínez y cuya potencia se ha estimado en unos 60 m. En vínculo con las dinámicas pasadas de los acuíferos descritos, destaca la presencia en la margen derecha del barranco de Castro, a una cota aproximada de 60-65 m y sin conexión aparente con los nacientes antes descritos, un depósito calcáreo superficial de 26,5 cm de potencia máxima visible, conteniendo abundantes moldes e improntas vegetales correspondientes a taxones integrantes del monteverde y elementos edafohigrófilos del bosque termófilo.
Respecto al origen de estos depósitos carbonáticos, se han interpretado como formados en un ambiente de tipo microlagunar, en concreto, un sistema de charcos o cuerpos muy someros de aguas tranquilas situados en los márgenes de corrientes de agua permanentes que transportaban los restos vegetales y que eran alimentadas por surgencias, hoy desaparecidas. Estos cuerpos de agua se inundaban periódicamente en episodios de crecida, en los que sedimentaban los clastos de tamaño arena y grava de las facies de granos recubiertos. Respecto a los nacientes originales, se ha estimado que quedaban dispuestos a diversas alturas, con previsible preferencia a concentrarse inmediatamente encima del techo de los depósitos impermeables de avalancha rocosa que forman la base del acantilado.
En cuanto a la anomalía térmica y de flujo de CO2 que pudo producir estos depósitos, una hipótesis la correlaciona con la prolongación occidental hacia los subuelos próximos y situados aguas arriba de la Rambla de Castro de erupciones acontecidas en periodo holoceno en el seno del valle de La Orotava.
Itinerario de acceso
Existen dos posibilidades de acceso, ambas a pie y con apoyo en la red de senderos que recorre el frente litoral de la Rambla de Castro. La primera parte del estacionamiento vinculado a la autovía TF-5 situado junto al mirador de San Pedro, punto desde el que arranca un sendero que va serpenteando por el borde costero, con desviaciones hacia las zonas de baño. La segunda tiene su origen en la urbanización La Romántica, con descenso a través de un intrincado sendero.
¿Sabías que...?
Es una de las principales zonas de la geografía insular en la que fueron excavadas, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las galerías tipo naciente, obras ejecutadas con la finalidad de mejorar el aprovechamiento procedente de los frentes de los nacientes, manaderos y rezumes naturales.


