
Introducción
El matorral costero, también conocido como tabaibal-cardonal, ocupa la franja más baja y seca de Tenerife, desde el nivel del mar hasta unos 300-400 metros de altitud (llegando puntualmente hasta 700 m en laderas muy áridas del sur). Este piso basal se caracteriza por un clima semidesértico: temperaturas suaves a cálidas todo el año, muy escasas precipitaciones concentradas en invierno, alta insolación y, en las zonas expuestas, fuerte influencia de los vientos alisios. Los suelos suelen ser poco desarrollados, pedregosos y de escasa humedad retenida. En estas condiciones difíciles solo prosperan plantas xerófilas especialmente adaptadas a la sequía y al calor. El paisaje típico es un matorral abierto de arbustos bajos y dispersos sobre terrenos áridos, malpaíses y barrancos cercanos a la costa.
Especies características

Las especies de flora más características de esta vegetación son plantas suculentas de la familia Euphorbiaceae. Destaca el cardón (Euphorbia canariensis), un endemismo canario emblemático: tiene porte de cactus en forma de candelabro, con tallos espinosos y carnosos verticales de hasta 2-3 metros. Convive con otras euforbiáceas, como la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera), la tabaiba amarga (Euphorbia lamarckii) y la tolda (Euphorbia aphylla), esta última creciendo solo en la costa norte del macizo de Teno. Estas presentan porte arbustivo de 1-2 metros, con ramas suculentas y hojas pequeñas que suelen caer en verano. Junto a cardones y tabaibas aparece una cohorte de otras plantas adaptadas al ambiente xérico: el verode (Kleinia neriifolia), un arbusto suculento de tallos cilíndricos, el balo (Plocama pendula), de hojas pequeñas y colgantes, el cardoncillo (Ceropegia fusca), con sus curiosas ramas en forma de dedos verticales, la leña buena (Cneorum pulverulentum), arbusto muy explotado en el pasado por la calidad y dureza de su madera, o el cornical (Periploca laevigata), con porte de enredadera. En las inmediaciones del mar, sobre rocas costeras batidas por las olas, crecen además especies halófilas (tolerantes a la sal) como la lechuga de mar (Astydamia latifolia), la uva de mar (Zygophyllum fontanesii), los tomillos de mar (Frankenia spp.) y el perejil de mar (Crithmum maritimum), este último prefiriendo las costas orientadas al norte.
Adaptaciones ecológicas

Las plantas del matorral costero muestran notables adaptaciones ecológicas para sobrevivir en un entorno tan árido. La suculencia es la estrategia más evidente: tallos y hojas engrosados que acumulan agua y nutrientes, permitiendo resistir largos periodos de sequía. Muchas presentan tejidos epidérmicos gruesos y recubiertos de ceras o vellosidades que reducen la pérdida de agua por transpiración. Otras reducen al mínimo sus hojas —o las pierden en la época más seca— para evitar la evaporación, realizando la fotosíntesis principalmente con los tallos verdes (como es el caso del cardón o las tabaibas). Las raíces suelen ser extensas y superficiales para captar rápidamente la humedad de las escasas lluvias o del rocío nocturno. Gracias a estas adaptaciones, el matorral costero puede lucir sorprendentemente verde y florido tras las escasas lluvias invernales, floreciendo y fructificando en un corto período de tiempo.

Conservación y amenazas actuales

La distribución original del matorral costero ha sufrido una fuerte reducción y fragmentación debido a la actividad humana, especialmente por el desarrollo urbanístico y turístico de las últimas décadas. Aun así, perviven importantes enclaves de este ecosistema, algunos dentro de espacios naturales protegidos. Por ejemplo, las reservas naturales del Malpaís de Güímar y el Malpaís de la Rasca, en el sur, conservan magníficos cardonales-tabaibales prácticamente intactos. En los acantilados abruptos e inaccesibles de Anaga y Teno también subsisten comunidades relativamente bien conservadas.
Usos tradicionales y relación con el ser humano

En el aspecto cultural, numerosas plantas del tabaibal-cardonal han tenido usos tradicionales. Los antiguos guanches usaban el látex tóxico del cardón para aturdir peces en charcos intermareales y capturarlos con facilidad. El látex de la tabaiba dulce es el único de las euforbiáceas del matorral de costa que no es nocivo. De hecho, se usó, una vez coagulado, como chicle para fortalecer las encías; incluso fue utilizado para calafatear pequeñas grietas en embarcaciones de madera. Los cornicales son una apreciada planta forrajera que estimula la producción de leche en las cabras. Debido a su gran palatabilidad, era habitual encontrarlos “refugiados” en el interior de grandes cardones, donde escapaban de los dientes de estos herbívoros. Por otro lado, los cardones y tabaibas secos eran utilizados tradicionalmente como combustible y, triturados, como cama de ganado para fabricar estiércol.

