Introducción

La herpetofauna nativa de Tenerife está compuesta por especies en su mayoría endémicas, descendientes de ancestros llegados probablemente desde el continente africano hace millones de años. En la actualidad existen tres linajes de reptiles bien definidos: los lagartos (Gallotia), los perenquenes (Tarentola) y las lisas (Chalcides). Todos los reptiles autóctonos canarios son especies endémicas del archipiélago, habiendo evolucionado de manera aislada en cada isla o grupo de islas.

Lagarto tizón (Gallotia galloti)

El lagarto tizón (Gallotia galloti) es el reptil más común y fácilmente observable de la isla, compartido con la isla de La Palma. Se trata de un lagarto de tamaño medio (machos de hasta 30 cm incluyendo la cola) con un marcado dimorfismo sexual: los machos presentan flancos con ocelos azul intenso, mientras las hembras son de tonos pardos. Esta especie habita prácticamente en todos los hábitats terrestres, desde la costa hasta las altas cumbres del Teide. Es particularmente abundante en áreas bajas y soleadas. En Tenerife existen dos subespecies diferenciadas de lagarto tizón (una al norte y otra al sur de la isla), además de una tercera subespecie exclusiva del Roque de Fuera de Anaga. Los lagartos tizones son omnívoros y cumplen funciones ecológicas importantes como dispersores de semillas. 

Lagarto gigante de Tenerife (Gallotia intermedia)

Un caso extraordinario dentro de la herpetofauna tinerfeña es el del lagarto gigante de Tenerife (Gallotia intermedia). Se trata de una especie de gran tamaño (hasta 60–70 cm) descubierta en 1996. Hoy sobreviven apenas dos núcleos relictos: uno en el Macizo de Teno y otro en los riscos de Montaña de Guaza, al sur de la isla. Ambas poblaciones son muy reducidas y se restringen a hábitats escarpados prácticamente inaccesibles, donde los encuentran refugio de depredadores, principalmente de los gatos asilvestrados. La especie está clasificada “En Peligro Crítico” y se han puesto en marcha planes de recuperación.

Perenquén común (Tarentola delalandii)

En cuanto a los perenquenes, Tenerife alberga al perenquén común (Tarentola delalandii), endémico de esta isla y de La Palma, de hábitos nocturnos e insectívoro. Es una especie abundante que se distribuye desde la costa hasta zonas de alta montaña, aunque es más frecuente en cotas bajas. Durante el día suele esconderse bajo piedras, grietas de muros o cortezas, y de noche es frecuente verlo en paredes cerca de luces que atraen insectos en entornos rurales. Su capacidad de adherirse a superficies verticales (gracias a las láminas subdigitales en sus dedos) le permite ocupar refugios variados, incluso techos y paredes de viviendas, por lo que convive a menudo con el ser humano sin mayores problemas. El perenquén desempeña un papel beneficioso al depredar cucarachas, mosquitos, polillas y otros insectos. No obstante, a veces sufre persecución por desconocimiento o es víctima de gatos domésticos. 

Lisa dorada (Chalcides viridanus)

Finalmente, la lisa dorada (Chalcides viridanus), de cuerpo alargado, brillante y patas muy cortas, tiene un aspecto serpentiforme y movimientos rápidos entre la hojarasca. Es una especie endémica de Tenerife y se la encuentra desde el nivel del mar hasta alrededor de 1.500 m de altitud, preferentemente en zonas con buena cobertura vegetal baja donde busca insectos, arácnidos y otros invertebrados de los que se alimenta. Las lisas canarias tienen reproducción ovovivípara (las crías nacen vivas) y un ritmo de vida lento, siendo vulnerables a los cambios ambientales.

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