
Recomendaciones
En relación con la utilización de flora autóctona en el ajardinamiento de los márgenes y demás elementos funcionales de las carreteras, se recomienda seguir las directrices del Área de Paisaje y Carreteras del Cabildo Insular de Tenerife, que viene realizando un importante esfuerzo por la naturalización del paisaje viario.
El empleo de flora autóctona constituye una práctica habitual y un criterio de aplicación obligatoria en suelo rústico y en los Espacios Naturales Protegidos. Así queda recogido en documentos como las Directrices para la mejora ambiental y paisajística de la Red Insular de Carreteras de Tenerife (Área de Carreteras y Paisaje, 2012) y los Criterios técnicos de integración paisajística para los proyectos de rehabilitación medioambiental de las carreteras competencia del Cabildo Insular de Tenerife, aprobados por el Consejo de Gobierno insular en abril de 2012.
En estos documentos se establece, entre otros aspectos, que:
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En zonas urbanas o interurbanas alejadas de espacios protegidos o especialmente sensibles, se prioriza la selección de especies vegetales adaptadas al ambiente local, que destaquen no solo por su valor ornamental y estético, sino también por sus menores costes de mantenimiento.
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Dada la escasez de recursos hídricos en el territorio insular, se favorecen especies con bajos requerimientos de agua.
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En determinados tramos de carretera, la vegetación dominante no es estrictamente autóctona, pero sí representativa de la identidad del lugar y de sus valores culturales; este hecho también se tiene en cuenta en los diseños de ajardinamiento.
Siempre que sea posible, se aplican criterios ambientales y paisajísticos que fomenten el uso de un mayor número de especies y de mayor presencia de flora autóctona. No obstante, no siempre las especies disponibles resisten adecuadamente las condiciones propias de los márgenes de las carreteras (contaminación, características del suelo, viento, etc.) o coinciden con la vegetación potencial de la zona. En otras ocasiones, los ejemplares disponibles son de pequeño tamaño y no soportarían las condiciones limitantes de estos entornos, por lo que su utilización no resulta viable.
En este sentido, el ajardinamiento asociado a las infraestructuras viarias debe respetar una serie de principios generales, entre los que destacan:
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La seguridad vial.
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El mantenimiento de las distancias de visibilidad en curvas, cambios de rasante y cruces.
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La correcta visibilidad de la señalización vertical.
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La prevención del “estrechamiento óptico” de la calzada y del deslumbramiento.
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La prevención de incendios.
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El respeto a la propiedad privada y a los límites derivados de servidumbres existentes.
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El control de la caída de hojas o restos vegetales sobre la calzada.
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La adecuada selección de especies en función de las características del sistema radicular.
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La adaptación al tipo de carretera (alta capacidad, interurbana, etc.).
Estos criterios permiten compatibilizar la mejora ambiental y paisajística de las infraestructuras viarias con la seguridad, la funcionalidad y la sostenibilidad en el uso de los recursos.

