
Descripción
Arbusto suculento de hasta 80 cm. de talla, con tronco corto y grueso; tallos y ramas segmentadas, delgados, sin hojas, cilíndricos, carnosos, con látex, de color verde glauco. Flores pequeñas, amarillas, situadas en la parte terminal de los tallos. Floración de primavera-verano.
Características ecológicas
Especie halófila, que vive en rocas y laderas pedregosas próximas al litoral en el Noroeste de la isla.
Cultivo
Los frutos de la Tolda son pequeñas tricocas que contienen tres pequeñísimas semillas de fácil germinación pero de difícil recogida debido a su tamaño. Tal vez por ello y por la facilidad de su reproducción vegetativa se suele multiplicar por esquejes, que se entierran una vez que su látex venenoso ha sellado la herida. Los esquejes pegan con facilidad y las plantas crecen al principio lentamente presentando luego un crecimiento bastante rápido. Es poco exigente en suelos precisando exposición solar plena con riegos escasos y mucho calor. Cada vez se extiende más su empleo como planta ornamental.
Uso y mantenimiento
La característica distintiva de la Tolda es la absoluta carencia de hojas que junto con su porte candelabriforme le proporciona un aspecto extraño y atrayente. De modo natural, habita en nuestra isla, solamente en zonas septentrionales del Macizo de Teno, entre los 50 y 350 m.s.m., acompañándose del Cardoncillo (Ceropegia dichotoma), otra planta casi sin hojas, y un cortejo de otras plantas de tendencia halófila. Por su singular aspecto, este bonito y curioso arbustillo, que no alcanza el metro de altura, tiene un gran valor ornamental para jardines que recrean ambientes pedregosos; pero para ajardinamientos masivos en bordes de carreteras, miradores en zonas costeras etc., creemos que su uso debe restringirse a las comarcas donde se da, respetando su distribución natural. No precisa cuidados de mantenimiento ni riego.
Observaciones
Hibrida con E. atropurpurea formal lutea, con E. bourgeauana y con E. lamarckii.

