
Descripción
Planta suculenta, ramificada en la base, que es subleñosa, con tallos erectos o extendidos, de 30-60 cm. de altura, cilíndricos y articulados, de color blanco-grisáceo. Hojas lineares, pequeñas. Flores tubulares, situadas en la parte superior de los tallos más viejos, de color rojo-parduzco. Frutos en pares, de hasta 12 cm. de largo. Floración de primavera-verano.
Características ecológicas
Elemento característico de sitios rocosos secos y cálidos del Sur de la isla.
Cultivo
Los frutos del cardoncillo son cápsulas largas (hasta 12 cm.) que aparecen en las articulaciones de los tallos, opuestas y de dos en dos, en forma de cuernos. Contienen numerosas y pequeñas semillas aplanadas provistas de un penacho de pelos finos (vilano), que facilita su dispersión por el viento. Son semillas difíciles de recolectar por su tamaño y por lo irregular y efímero de la fructificación de esta planta. Posiblemente la fragilidad de sus curiosos tallos articulados y su capacidad de enraizamiento rápido, sea una estrategia para la multiplicación vegetativa de esta especie, circunstancia que se aprovecha para reproducirla asexualmente, tomando trozos de tallo, que se dejan sin plantar una o dos semanas (para que la herida se seque y cicatrice), luego enraízan fácilmente. También puede reproducirse asexualmente, por acodo de los tallos que se tumban (margullo). Cultivada en contenedor, presenta un crecimiento lento, pero casi no precisa cuidados de mantenimiento ni riego y por su particular forma ocupa muy poca superficie, ya que puede ser cultivada en contenedores muy pequeños y de poca profundidad. Es poco exigente en suelos y requiere exposición solar plena.
Uso y mantenimiento
Este pequeño arbusto suculento de hasta 75 cm., ramificado desde la base, florece irregularmente (no todos los ejemplares, ni todos los años) en primavera-verano (a veces en invierno) con flores pequeñas y poco vistosas pero de morfología muy particular. Su extraña y curiosa apariencia es bellísima y atrayente en las zonas de la vertiente sur de la isla, en las que habita (con abundancia), de modo natural, desde casi el nivel del mar hasta los 600 m.s.m.; en riscos, toscas y malpaíses y en general en ambientes secos y rocosos. Es una planta excelente para su uso en jardines delicados y roquedos en zonas secas y cálidas. Posee una gran resistencia a la sequía pero es mecánicamente muy frágil. No precisa apenas cuidados de mantenimiento ni riego. No conviene plantarla en lugares muy próximos a paseos o zonas de paso donde pueda ser pisada accidentalmente.
Observaciones
Sus jugos contienen alcaloides tóxicos (mataperros). Endémica de Tenerife y Gran Canaria, siendo escasa en esta última isla.

