El cuervo remonta el vuelo en Tenerife

Después de rozar la desaparición en Tenerife, el cuervo (Corvus corax ssp. canariensis) muestra signos de recuperación. Los últimos trabajos científicos y los avistamientos registrados en plataformas de ciencia ciudadana confirman un esperanzador aumento de sus efectivos, aunque aún persisten importantes amenazas sobre esta ave. La primera estima de la población de cuervos de la isla se obtuvo a principios de los años 80, arrojando una cifra de unas 70-80 parejas reproductoras; una década después, sus efectivos se habían reducido a menos de 20 parejas y, a inicios de los 2000, se alcanzó su mínimo poblacional, con tan solo 6-7 parejas. En contra de lo esperado, tan solo unos años después se comenzó a detectar un cambio de tendencia: en 2009 el número de parejas se había duplicado y en 2016 se censaron casi una treintena de parejas reproductoras, constatando su progresiva recuperación.
Una especie perseguida y amenazada
Los cuervos nunca gozaron de buena fama entre los campesinos, tanto por los daños ocasionales a los cultivos y al ganado, como por injustificadas creencias populares. Ya en 1501, el recién creado Cabildo pregonaba en las calles de la capital de la isla la orden de eliminar cuervos. Sin embargo, pese a su intensa y prolongada persecución, los testimonios de naturalistas y ornitólogos de finales del XIX y primera mitad del XX los describen aún como muy abundantes. El declive llegó sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, ligado principalmente al drástico abandono de la actividad agrícola y ganadera tradicional, junto con el uso indiscriminado de venenos. A estas amenazas se ha sumado en los últimos tiempos un nuevo enemigo silencioso: los tendidos eléctricos. Según un informe que analiza la afección de estas infraestructuras a la avifauna de la isla, elaborado por los agentes de medio ambiente de Tenerife, entre 2016 y 2025 se ha registrado la muerte de 37 ejemplares de cuervo por electrocución en apoyos eléctricos -1 de cada 4 muertes de aves detectadas corresponden a esta especie-, lo que evidencia la necesidad de actuar urgentemente para revertir esta situación.
En este sentido, el papel de los agentes de medio ambiente está siendo fundamental para inspeccionar los apoyos (el tejido eléctrico de la isla cuenta con más de ocho mil), identificando los más peligrosos para las aves, así como episodios de muertes o daños, e instando a las entidades responsables para que establezcan medidas correctoras, como el cambio del formato de las crucetas, el aislamiento de los elementos en tensión, la instalación de cadenas de aisladores de mayor longitud con disuasores de posada y salvapájaros en conductores, con el fin de reducir esta elevada mortalidad.

Ciencia ciudadana: vigilantes por toda la isla
Conjuntamente con el seguimiento científico, la activa participación de naturalistas aficionados nos permite contar con una radiografía actualizada de la situación del cuervo en la isla. Observaciones georreferenciadas son continuamente subidas a plataformas de ciencia ciudadana, como iNaturalist o eBird, mostrando en tiempo real dónde se están viendo cuervos. Así, podemos comprobar que actualmente los avistamientos se concentran en zonas montañosas y relativamente aisladas, sobre todo en los bastiones históricos de los macizos de Teno y de Anaga, junto con la cumbre central de la isla y el entorno del macizo de Adeje.
Además, los ciudadanos pueden contribuir a la conservación del cuervo no solo compartiendo avistamientos, sino también vigilando potenciales amenazas -como el vuelo inapropiado de drones u otro tipo de molestias en los territorios de cría, además del posible uso de sustancias tóxicas- o notificando a las autoridades el hallazgo de aves heridas o muertas y cualquier otra incidencia. Entre todos podremos consolidar el regreso de este aliado ecológico clave para la salud de los ecosistemas de la isla.












