Contexto geológico

Campos volcánicos y dorsales

Comentario valorativo

En el paraje denominado tradicionalmente como Cho Joro (o Cruz de los Herreros), en la zona de cumbre del término municipal de Garachico, se localiza un ejemplo destacado de erupción fisural de carácter estromboliano asociada al volcanismo holoceno de la Dorsal Noroeste. Dicha alineación está conformada por aproximadamente 30 centros de emisión de diferente dimensiones que se suceden a lo largo de 500 m de longitud en dirección NO- SE, destacando sobre el conjunto el cono estromboliano denominado Volcán Negro, que se posiciona en la parte inferior de la misma. Si bien dichos centros muestran morfologías próximas a los denominados “hornitos”, estudios de detalle desarrollados han determinado su adscripción a conos de escorias, por cuanto son alimentados directamente por un conducto eruptivo fisural, siendo esta tipología poco frecuente en la geología insular. En detalle se aprecian edificios de morfologías variadas (cerrados anulares, abiertos en herradura y múltiples) constituidos por la acumulación y superposición de escorias, jirones y plastrones de lava (spatter), mostrando en su vértice una apertura circular que oscila entre menos de uno o varios metros de diámetro. De los mismos parten a su vez lavas basaníticas tipo pahoehoe y aa que forman canales lávicos, tubos volcánicos, muros de enfriamiento y arcos de empuje, con un recorrido de unos pocos centenares de metros y dirección preferentemente norte. Asimismo, áreas concretas de la fisura están parcialmente recubiertas por los lapilli procedentes de la cercana erupción histórica del Chinyero de 1909, del mismo modo que son retocadas por los procesos de gravedad, torrenciales y periglaciares.

Galería

Itinerario de acceso

Desde el PK.14,5 de la carretera insular TF-38 parte una pista forestal que se dirige hacia el Volcán Chinyero y que intersecta a una segunda pista secundaria que tomándola en dirección este lleva al lugar.

¿Sabías que...?

Destaca por su arqueología, cruces y mitos: pastores y caminantes dejan cruces de madera en grietas y hornitos pidiendo protección,  y la tradición cuenta que los extraños resoplidos de los hornos eran obra de seres benéficos que “guardaban” el pinar.

Privacy Preference Center