
Descripción
Planta perenne, erecta o procumbente, con tallos leñositos densamente pubescentes. Hojas suborbiculares, de unos 3 cm. de ancho, con 5-7 pequeños lóbulos, pubescentes por el envés. Flores en capítulos más o menos solitarios, de 3-5 cm. de diámetro, las externas liguladas, de color malva y las del botón central, de color morado. Floración de primavera.
Características ecológicas
Especie que habita en laderas rocosas, acantilados y riscos orientados al Norte, en todo el Sur y Oeste de la isla, desde los 200 a más de 1000 m de altitud.
Cultivo
Los frutos de la palomera, son pequeños aquenios que mezclados con tierra que se cultiva en semilleros, en septiembre, germinan con normalidad. Las plantas son vigorosas, y de fácil manejo y cómodo cultivo, siempre que sea, a la sombra. Tras la fructificación, que se produce en primavera y verano, suelen perder las hojas, que volverán normalmente a brotar después de las primeras lluvias; por ello conviene no regarlas, durante la temporada de reposo (verano), para que no se pudran; pero sí, almacenarlas en ambiente sombrío, para que no se sequen totalmente y vuelvan a brotar. Son además, plantas propensas al ataque de hongos, insectos, babosas y caracoles, que prefieren suelos arenosos con exposiciones sombreadas, precisando bastante humedad para que tengan un desarrollo óptimo. Todo el género tiene una gran tendencia hibridógena, por lo que hay que ser especialmente cuidadoso con la selección de la especie a cultivar y la procedencia de la simiente que se vaya a usar para la reproducción.
Uso y mantenimiento
La bella floración de esta planta herbácea, se produce con pequeñas y casi siempre solitarias inflorescencias que en primavera alegran los paisajes de la vertiente sur de la isla. Endémica de Tenerife, esta especie se cultiva desde hace mucho tiempo en Europa, pues tolera bien los climas fríos. Su calidad como planta ornamental y su amplia valencia altitudinal, la convierten en una excelente especie para cultivo, en toda la vertiente sur de la isla, entre los 400 y 2000 m de altitud. Muy apropiada para rocallas en jardines frescos, ensemilla fácilmente y resulta adecuada para todo tipo de ajardinamientos. No requiere cuidados especiales de mantenimiento, pero sí, riegos frecuentes o suelos con humedad, en la época de crecimiento.
Observaciones
Se conocen ejemplares con inflorescencias blancas, en Vilaflor.

