Descripción

Arbusto alto, que puede alcanzar 3-5 m de altura, con ramificación abundante. Hojas palmeadas, de lóbulos estrechos. Flores vistosas en pequeños racimos o solitarias, de color rosa salmón. Floración de invierno-primavera.

Características ecológicas

Laderas rocosas, riscos y escarpes inaccesibles en el dominio de los bosques termófilos.

Cultivo

La fructificación de esta malva, se produce en verano conteniendo los frutos, numerosas semillas aplastadas, apiladas circularmente a modo de rodajas de un anillo que germinan fácilmente sin tratamiento alguno, dando lugar a plantas algo más robustas que Malva acerifolia, poco exigentes en suelos (aunque los prefieren ácidos). Cultivada en contenedor, precisa riegos moderados aunque regulares ya que se resiente si le falta agua requiere exposición semisombreada presentando un rápido crecimiento que le permite alcanzar el medio metro de altura al cabo de un año de cultivo en contenedor. Con frecuencia las hojas son atacadas por ciertos insectos cuyas larvas horadan cavidades en el parénquima foliar ocasionando la formación de grandes manchas que estropean y afean las hojas. Este arbusto tiene una longevidad cercana a los veinte años y no suele estar disponible en viveros de flora autóctona.

Uso y mantenimiento

Sus flores recuerdan a las del Hibiscus rosa sinensis, por lo que se presenta como una especie de cierto valor ornamental. Se da bien en lugares costeros, por lo que es resistente a periodos de sequía. Es de crecimiento rápido y admite podas. Fácil mantenimiento. Puede plantarse en paseos, rotondas y jardines en general, formando setos o pequeñas agrupaciones. Este raro y escaso endemismo tinerfeño, puede alcanzar hasta 3 m. de altura y de manera natural prospera en riscos, laderas pedregosas y escarpes entre los 250 y 700 m.s.m. Su grueso tronco leñoso, prontamente ramificado desde la base, sostiene en los ejemplares adultos, ramas péndulas que en invierno y primavera se adornan con una abundante y floración de bellísimas flores de color naranja-salmón. Catalogada como especie en peligro de extinción, su escasez y rareza le confieren un altísimo valor conservativo y científico. La propagación para su uso en jardinería es una de las medidas propuestas para la conservación de la especie. Por todo lo anterior, esta especie merece ser calificada como predilecta para su uso en ajardinamientos de todo tipo. No debe podarse si se desea que adquiera su característico hábito pendular que resalte la belleza de su floración y puesto que llega a alcanzar una gran cobertura en cultivo, requiere un amplio marco de plantación (alrededor de tres metros). No requiere cuidados de mantenimiento excepto el riego moderado.

Observaciones

Nativa de Anaga y Teno. Su polinización la realizan las aves.

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