
Introducción
Tenerife alberga una rica avifauna nativa, con una combinación de especies ampliamente distribuidas por el Paleártico y especies exclusivas de la Macaronesia o del archipiélago canario. A estas aves residentes y nidificantes en la isla se une un contingente de especies migratorias que recalan temporalmente en la isla durante sus desplazamientos entre las áreas de cría y las zonas de invernada, o que directamente deciden pasar la estación de invierno en la isla.
Especies endémicas

Aunque el porcentaje de especies de aves endémicas es bastante bajo, hay dos especies que son exclusivas de la isla: el petirrojo tinerfeño (Erithacus superbus) y el pinzón azul de Tenerife (Fringilla teydea), el emblemático pájaro de coloración azul grisácea que habita exclusivamente los bosques de pino canario de la corona forestal de la isla. También están presentes aves endémicas compartidas con otras islas del archipiélago, como el pinzón tintillón (Fringilla canariensis), frecuente en las zonas forestales del norte de la isla, el mosquitero canario (Phylloscopus canariensis), un pequeño pájaro insectívoro, que resulta ser una de las aves más abundantes de Tenerife, o la paloma turqué (Columba bollii) y la paloma rabiche (Columba junoniae), reliquias de origen terciario que sobreviven en las reservas de monteverde de la isla, alimentándose de frutos de árboles autóctonos.

Además de estos endemismos estrictos, Tenerife cuenta con varias especies endémicas compartidas con otras islas macaronésicas. Entre ellas figuran el canario (Serinus canaria), popular por su canto, el bisbita caminero (Anthus berthelotii), muy común correteando por espacios abiertos, o el vencejo unicolor (Apus unicolor), que sobrevuela vertiginosamente los cielos de la isla atrapando insectos. Aparte de estas especies endémicas, hay también un porcentaje considerable de aves en la isla que presentan endemicidad a nivel subespecífico.
Rapaces

Un grupo interesante de aves, con varias especies amenazadas, es el de las rapaces. En situación crítica se encuentra el guincho o águila pescadora (Pandion haliaetus), que sobrevive a duras penas en los acantilados de Los Gigantes. El halcón tagarote (Falco peregrinus pelegrinoides), en cambio, ha recuperado sus poblaciones de forma espectacular en los últimos años, siendo cada vez más habitual observar sus vertiginosos vuelos y picados para capturar palomas en los cielos de la isla. Las rapaces más abundantes son el cernícalo (Falco tinnunculus canariensis), conocido por su capacidad de mantenerse estático en el aire mientras detecta en el suelo a los lagartos e insectos que forman parte de su dieta, y el aguililla (Buteo buteo insularum), una de nuestras aves de presa más grandes. Aunque la mayoría de las rapaces prefieren espacios abiertos para cazar, el gavilán (Accipiter nisus granti) se ha adaptado a la vida forestal, moviéndose con agilidad entre la vegetación para capturar los pequeños pájaros que forman la base de su dieta. Además, en la isla habitan dos especies de rapaces de hábitos nocturnos: el buho chico (Asio otus canariensis), más frecuente, y la lechuza (Tyto alba), que se encuentra en franca regresión. Ambas especies son excelentes controladoras de plagas de roedores. Finalmente, dos especies de rapaces se extinguieron en la isla a lo largo del siglo pasado: el milano real (Milvus milvus) y el guirre (Neophron percnopterus)
Aves marinas

En la franja costera y los islotes circundantes, Tenerife alberga también algunas colonias de aves marinas de interés. Se trata de especies que pasan la mayor parte del tiempo en alta mar buscando alimento y que sólo se acercan a tierra durante la época de nidificación. La más abundante es la pardela cenicienta (Calonectris borealis), que cada año forma colonias de cría en acantilados, roques e incluso barrancos del interior, y luego migra miles de kilómetros por el Atlántico. Junto a ella aparecen el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii), la pardela chica (Puffinus baroli), el paíño común (Hydrobates pelagicus) y el paíño de Madeira (Hydrobates castro), todos nidificando de forma más reducida en huecos entre las rocas. Es particular el caso de la pardela pichoneta (Puffinus puffinus), que prefiere nidificar en laderas y barrancos en el ámbito de la laurisilva, siendo una especie extremadamente rara en la isla. Estas aves marinas están adaptadas a la vida pelágica, pero son muy vulnerables a la contaminación lumínica: cada año, muchos juveniles son deslumbrados por las luces urbanas durante sus primeros vuelos nocturnos y caen desorientados al suelo, siendo necesarios programas de rescate para salvarlos.
Aves esteparias

Es reseñable el caso de las aves esteparias, especies que dependen de amplios espacios abiertos con vegetación baja, y que se encuentran muy amenazadas por la destrucción del hábitat, fundamentalmente en la costa sur de la isla. La más representativa es el alcaraván (Burhinus oedicnemus insularum), con poblaciones cada vez más reducidas y fragmentadas. También son propios de este hábitat el camachuelo trompetero o pájaro moro (Bucanetes githagineus amantum), con un último reducto poblacional que subsiste a duras penas en el extremo sur de la isla, y el alcaudón real (Lanius excubitor koenigi), un pequeño depredador conocido por su costumbre de ensartar en pinchos a sus presas -insectos y lagartijas-; peor suerte ha corrido la terrera marismeña (Alaudula rufescens), que ya se da por extinguida en la isla en los últimos años.
Otras especies destacables

La avifauna de la isla incluye otras especies destacables como el cuervo (Corvus corax canariensis), históricamente muy perseguido hasta llevarlo casi a la extinción, aunque hoy en día sus poblaciones se están recuperando lentamente; la chocha perdiz o gallinuela (Scolopax rusticola), una discreta especie que vive oculta en la hojarasca de la laurisilva; el reyezuelo canario (Regulus regulus teneriffae), el ave más pequeña de la isla, que vive en zonas forestales húmedas; el herrerillo (Cyanistes teneriffae), muy frecuente incluso en pueblos; la abubilla (Upupa epops), cada vez menos común en los campos de la isla; o la alpispa (Motacilla cinerea canariensis), que vive asociada a charcas y cursos de agua.
Amenaza para las aves
En general, las amenazas para las aves nativas de la isla incluyen la depredación por gatos y ratas, la pérdida o degradación de hábitats y factores humanos directos, como la caza furtiva o las molestias en época de cría.

